Jorge Novak: Un maldito excluido de la historia oficial

En un pueblo de la provincia de Buenos Aires, San Miguel de Arcángel (Partido de Adolfo Alsina–Carhué) el 4 de marzo de 1928 nace Jorge Novak. Hijo de un peón de estancia pasa sus primeros años en esta colonia de alemanes del Volga, siendo el mayor de ocho hermanos: cinco mujeres y tres varones. Una familia dedicada a la actividad agrícola-ganadera que vivía un profundo sentido religioso. Recuerda sobre su padre: “avezado en todas las labores y artesanías camperas nos dejó el más eximio ejemplo de austeridad, laboriosidad, honradez”. Y sobre su madre: “representó una escuela de virtudes cristianas acrisoladas por la oración, la dedicación a la educación de cada uno de nosotros, la pobreza, la enfermedad”.

Comienza el camino hacia el sacerdocio con apenas 11 años, en la Congregación del Verbo Divino. Se ordena el 10 de enero de 1954 luego de una formación en Rafael Calzada (Buenos Aires) y Esperanza (Santa Fe).

Hasta el año 1958 estudia “Historia de la Iglesia” en la Universidad Gregoriana de roma. Comienza entonces, el ejercicio de la docencia en diferentes casas de formación: Facultad de Teología de Villa Devoto, Seminario Mayor de La Plata e Instituto de Cultura Religiosa Superior de buenos Aires. Llega a ser Superior Provincial de la congregación donde se había ordenado y Presidente de la Conferencia Argentina de Religiosos.

Recién creada la Diócesis de Quilmes el Papa Pablo VI lo nombra Obispo el 7 de agosto de 1976. El terrorismo de Estado signaba el contexto nacional de violencia. El sacerdote comienza a comprometerse con causas que hasta el momento le habían sido ajenas. Así recuerda, “mi visión de la realidad humana hubo de cambiar forzosa y rápidamente. Hasta entonces tenía mi propia opinión sobre los hechos, pero basada en información insuficiente y deteriorada. Cada grupo familiar que trasponía los umbrales de mi oficina me comunicaba, su carga de dolor y de angustia, reclamando comprensión, solidaridad, acción consecuente”.

Los familiares de desaparecidos, desesperados, comienzan a golpear su puerta careciendo de ámbitos donde acudir. Jorge Novak encara la defensa de estas personas, su pedido de justicia. Reclama esclarecimiento de estos casos, en consecuencia, recibe anónimos expresando disconformidad  “lo único que consigue rezando estas misas por un sector, es separar a los fieles…”, “acaso se olvidan que por su culpa murieron el General Aramburu, el Almirante Berisso…”.

A pesar de numerosas intimaciones Novak continúa con fuerte compromiso por la causa de los Derechos Humanos en la Argentina. Acompaña a familiares mediante innumerables cartas, misas y peticiones ante el Poder Ejecutivo Nacional (PEN), mediando por los presos políticos a disposición del mismo.

En octubre de 1976 asume la presidencia del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Además de la denuncia pública, organiza en los barrios redes de contención y asistencia a las familias de los desaparecidos ya que muchos de ellos habían perdido el sustento económico.

En 1977 frente a la Comisión Episcopal Argentina denuncia la situación en un memorándum, resaltando el “miedo generalizado, la represión indiscriminada, la falta de respaldo constitucional, la justificación de la represión invocando a Dios, las torturas y las condiciones inhumanas de los detenidos, el largo tiempo sin proceso, los abusos a las mujeres y las criaturas nacidas en la cárcel, el hermetismo de todos los organismos de seguridad frente a la pregunta por los desaparecidos, las madres sin salas de reunión y sin pastoral, y las familias en miseria económica”. Con este breve pero contundente relato, Jorge Novak caracteriza tempranamente la terrible herencia de la última dictadura militar.

Acompaña además a las Madres de Plaza de Mayo en la entrega de un petitorio a las autoridades nacionales en octubre de 1981. Se evidencia la discordancia con la complicidad de la cúpula católica. En agradecimiento las Madres le escriben “su manifestación pública –expresada con su sola presencia- de cómo siente su ministerio y de cómo se proyecta su fe ante el angustiante problema de los desaparecidos, confirman una actitud que nos llena de ternura el corazón. No todos los pastores sienten así”.

El plan económico de la dictadura, entretanto, comenzaba a mostrar sus duras consecuencias: en Quilmes el cierre de Peugeot y de una importante fábrica textil dejó un saldo de 8500 desempleados. Novak organiza, entonces, desde 1981 amplias redes de comedores populares. Auxilia también, a cientos de familias que perdieron sus viviendas resultado del “Plan de Erradicación de Villas Miserias” llevado adelante por el intendente de la ciudad de Buenos Aires Osvaldo Cacciatore. En 1982 realiza el “Operativo Solidaridad” detectando 35000 personas con necesidad de recibir apoyo alimenticio.

Viaja a Costa Rica, en 1985, invitado a un “Simposio Interamericano de Derechos Humanos”. Allí contrae la enfermedad de Guillen Barret que lo deja sumido en una parálisis. Atraviesa un año de rehabilitación y logra componerse. Desde entonces se dedica con especial atención a los enfermos y propicia la lucha por el derecho a la salud.

Durante el Gobierno de Alfonsín, se pronuncia en contra de la “Ley de Pacificación Nacional” por considerarla inmoral desde el valor evangélico de la verdad, la justicia y del amor.

En la década del ’90 las críticas del Presidente Menem a algunos obispos provocaron el enfrentamiento público de Novak. Denuncia las interferencias que sufrieron las radios FM Vida y FM Libertador: “en nuestra programación tratamos temas sociales, como el desempleo, la falta de educación (…) Cuando se toca el tema social, la interferencia aumenta al punto de anular nuestra programación habitual”.

Jorge Novak integró diferentes comisiones episcopales, tales como Educación Católica (1982-1985), Pastoral Social (1985-1986), Misiones (1988-1993), Para la vida Consagrada (1993-1996 y 1997-2000), Pastoral para la Salud (1993-2000). Siempre prefirió que lo llamaran “Padre Obispo” antes que Monseñor a pesar de sus cargos.

En 1993 es declarado “Ciudadano Ilustre del Partido de Quilmes” por iniciativa de la Comisión de Cultura y también en 1996 “Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Quilmes”.

El 9 de julio de 2001 en la ciudad de Quilmes, fallece a los 73 años, víctima de un cáncer de estómago. En su despedida estuvieron presentes los pobres de su diócesis, pastores y obispos de otras iglesias (muestra de su ecumenismo), las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y otras organizaciones de derechos humanos. Esta concurrencia sintetiza lo que representó su vida, el compromiso permanente con los olvidados de la sociedad.

(M. D. Espasande, Los Malditos, Vol. III, Pág. 420, Editorial Madres de Plaza de Mayo)

Fuente: www.pensamientodiscepoleano.com.ar