El deterioro sociolaboral en la Argentina de Milei

Difundimos el informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas liderado por Claudio Lozano. Compartimos una radiografía del mercado laboral argentino que muestra con claridad el sentido del programa económico de Milei sobre la vida cotidiana de la clase trabajadora. La caída de los ingresos, el estrechamiento del empleo asalariado formal y estable y la expansión de ocupaciones precarias, informales y de subsistencia consolidan un verdadero “modelo changa”, en el que cada vez más personas trabajan más, ganan menos y se endeudan para sostener sus hogares. Por eso, ayer como hoy, el 1° de Mayo sigue siendo un día de memoria, organización y lucha.

La crisis del trabajo no se reduce a la tasa de desempleo. La desocupación abierta es del 7,5% pero si incorporamos a quienes trabajan pocas horas y requieren ampliar su inserción, se llega a una desocupación ampliada del 15,3% de la PEA. La presión efectiva sobre el mercado laboral llega al 24%, y si se agrega a quienes desean trabajar más horas o conseguir otro empleo, la disponibilidad de fuerza de trabajo trepa al 29,9%. Además, 3 de cada 10 desocupados/as llevan más de un año buscando empleo sin conseguirlo.

El programa económico se expresa en un mercado laboral cada vez más precario. Una cuarta parte de los/as trabajadores/as son cuentapropistas, y de ellos/as el 63,3% es informal. Entre la población asalariada, el 36,3% trabaja sin registración. Para el total de ocupados/as, la informalidad asciende al 43%, lo que confirma el avance de formas inestables y desprotegidas de inserción laboral.

La mala calidad del empleo es un problema estructural. Si se mide la vulnerabilidad laboral en sentido amplio, incorporando desempleo, informalidad, contratos temporarios y ocupaciones que no alcanzan a cubrir la canasta básica individual, el problema afecta al 51,7% de la fuerza laboral. Es decir, más de la mitad de quienes integran la fuerza de trabajo están en situación laboral vulnerable.

Las brechas de género siguen siendo profundas. La tasa de empleo masculina es del 51,3%, mientras que la femenina se ubica en 38,9%, una diferencia de 12,4 puntos. La subutilización laboral afecta al 22% de las mujeres frente al 16,3% de los varones. A su vez, el deterioro de ingresos golpea con más fuerza a las trabajadoras: el 25,7% de las mujeres ocupadas gana menos que el Salario Mínimo, contra el 11,3% de los varones.

La situación de las juventudes también es grave. Entre jóvenes de 18 a 24 años, la desocupación alcanza al 20,1%. Si se toma el indicador amplio de vulnerabilidad laboral, el problema afecta al 77% de los/as jóvenes. Además, la informalidad entre asalariados/as jóvenes asciende al 62,2%, mostrando que el ingreso al mundo laboral se produce, en gran medida, por la vía de la precariedad.

Los ingresos laborales resultan insuficientes incluso cuando se tiene empleo. El ingreso promedio de los/as ocupados/as fue de $1.046.177 mensuales, por debajo de la Canasta Básica Total de una familia tipo, que promedió $1.259.947 en el trimestre. La situación es mucho peor entre los segmentos más precarios: los/as cuentapropistas informales promediaron $542.460, y los/as asalariados/as informales alrededor de $630 mil.

Hay ramas enteras donde trabajar no alcanza para vivir. El caso más extremo es el trabajo en casas particulares, con ingresos medios de apenas $339 mil, un 67% por debajo del promedio general. También se destacan por sus bajos ingresos Servicios Comunitarios, Sociales y Personales con $672 mil, Hoteles y Restaurantes con $690 mil, y Comercio con $875 mil.

Cuando un salario no alcanza, la respuesta es trabajar más. El pluriempleo llega al 12,2% de los/as ocupados/as y viene en ascenso como estrategia de supervivencia. También aquí hay una brecha de género: afecta al 15,5% de las mujeres y al 9,5% de los varones.

La sobrejornada se volvió una norma para millones. Casi 3 de cada 10 ocupados/as están sobreocupados/as, es decir, trabajan más de 45 horas semanales. Son 5,68 millones de personas. Y aun así, esa mayor carga laboral no se traduce en una mejora proporcional del ingreso: quienes están sobreocupados/as trabajan 47,4% más horas, pero perciben apenas 11,6% más ingreso, lo que implica que su ingreso por hora es 24,3% menor que el promedio.

Cuando el ingreso no alcanza, aparece la deuda como forma de supervivencia. Más de un tercio de los hogares, 35%, tuvo que recurrir a sus ahorros familiares. A la vez, 17,7% pidió préstamos a familiares o amigos, 16,9% tomó créditos de bancos o financieras, y 52,2% apeló a compras con tarjeta de crédito o fiado. Así, las finanzas se convierten cada vez más en un nuevo patrón que absorbe una parte creciente del esfuerzo laboral de los hogares.

Este 1° de Mayo encontró a la clase trabajadora argentina no solo enfrentando el desempleo, sino también la expansión de la precarización, el pluriempleo, las sobrejornadas, los bajos salarios y el endeudamiento. Frente a un programa económico que abarata el trabajo y deteriora las condiciones de vida, el Día del Trabajador y la Trabajadora vuelve a ser, como siempre, un día de lucha.

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Fuente: www.ipypp.org.ar